Islas de calor: por qué tu ciudad es más caliente

Hay una intuición sobre el calor que la evidencia mexicana desarma de golpe. Solemos pensar que las olas de calor matan ancianos, como ocurre en Europa. Pero un estudio publicado en Science Advances que cruzó 13.4 millones de defunciones ocurridas en México entre 1998 y 2019 con la temperatura de bulbo húmedo de cada municipio encontró lo contrario: el 75% de las muertes atribuibles al calor ocurrieron en personas menores de 35 años, y ese grupo concentró el 87% de los años de vida perdidos [1]. La explicación más probable es ocupacional —los jóvenes son quienes hacen trabajo manual a la intemperie— y coloca el problema en el terreno urbano, donde el calor se concentra y se amplifica. En este artículo revisaremos qué es la isla de calor urbana, a quién golpea y qué la enfría de verdad.
El fenómeno es sencillo de entender. El asfalto y el concreto absorben radiación solar durante el día y la sueltan lentamente de noche; las superficies impermeables impiden que el agua se evapore y enfríe el aire; los edificios bloquean el viento y atrapan el calor entre sus paredes; y encima le sumamos calor propio, el de los motores y los aires acondicionados que expulsan hacia afuera el calor que sacan de adentro. El resultado es una ciudad sistemáticamente más caliente que su entorno rural, sobre todo por la noche, que es justo cuando el cuerpo necesita bajar su temperatura para recuperarse. La magnitud del efecto depende fuertemente del clima de fondo: en regiones húmedas la isla de calor es intensa, mientras que en zonas áridas puede incluso invertirse [2][3]. Es exactamente lo que pasa en el norte de México: en Mexicali y Hermosillo existe un "oasis urbano" diurno —de día la ciudad puede ser más fresca que el desierto que la rodea— y la isla de calor es fundamentalmente nocturna [4].
Aquí conviene desactivar una cifra que circula mucho. El titular de que "las ciudades son 10 a 15 °C más calientes que su entorno" se refiere a temperatura de superficie medida por satélite, no a la temperatura del aire que respiramos. Medida en aire, la diferencia típica es mucho más modesta: un estudio de 93 ciudades europeas la ubicó en 1.5 °C en promedio, con un rango entre ciudades de 0.5 a 3.0 °C [5]. Que suene poco no significa que sea inocuo. Ese mismo trabajo estimó que la isla de calor fue responsable del 4.3% de la mortalidad de verano en esas ciudades, y calculó que llevar la cobertura arbolada del 14.9% al 30% habría evitado casi el 40% de esas muertes. Los efectos sobre la salud van más allá de la mortalidad: una revisión sistemática confirmó el vínculo entre exposición al calor y eventos cardiovasculares, con un riesgo que sube alrededor de 2% por cada grado y se dispara durante las olas de calor [6]; y un estudio con casi 48,000 personas en 68 países mostró que las noches calurosas erosionan el sueño de forma medible en todo el mundo [7].
El dato más incómodo es que el calor no se reparte parejo dentro de una misma ciudad. En Estados Unidos, un análisis de 108 áreas urbanas encontró que los barrios que sufrieron discriminación crediticia histórica son hoy en promedio 2.6 °C más calientes que sus vecinos no discriminados, con diferencias de hasta 7 °C en algunos casos [8]; otro estudio documentó que la exposición a la isla de calor recae desproporcionadamente sobre comunidades pobres y racializadas [9]. En México el patrón se repite con la cobertura vegetal: en Hermosillo, el 38% de las manzanas tiene menos de 10% de cobertura verde, y la vegetación se distribuye de forma desigual entre zonas de la ciudad [4]. La sombra, en pocas palabras, es un bien que se hereda con el código postal.
¿Y qué funciona? La revisión más rigurosa de la literatura de modelación encontró que el arbolado urbano enfría alrededor de 0.33 °C por cada 10% adicional de cobertura de copa, y que los techos y pavimentos reflectantes aportan del orden de 0.2 a 0.6 °C por cada aumento de 0.10 en el albedo del barrio [10]. Dos advertencias importantes: el enfriamiento nocturno es bastante menor que el diurno, y hay evidencia de que los pavimentos reflectantes pueden ser contraproducentes a nivel de banqueta —en el programa de Phoenix bajaron la temperatura de la superficie unos 3 °C, pero subieron la temperatura radiante que siente un peatón, porque le rebotan la luz al cuerpo. El arbolado tampoco actúa de forma lineal: el enfriamiento diurno relevante aparece cuando la cobertura de copa supera aproximadamente el 40% a escala de manzana. Plantar tres árboles en una cuadra pelona ayuda poco; arbolarla de verdad, mucho.
Queda una última pieza, y es de medición. El registro oficial mexicano contabilizó unas 329 defunciones por calor en la temporada de 2024, mientras que la estimación estadística de mortalidad atribuible ronda los miles al año [1]. No es que alguien mienta: es que el certificado de defunción de alguien que muere de un infarto durante una ola de calor dice "infarto". Esa brecha entre lo que se registra y lo que ocurre es la razón por la que el calor sigue siendo tratado como una molestia del clima y no como el problema de salud pública que es. Y a diferencia de casi cualquier otro asunto ambiental, aquí la solución es visible, barata y cabe en una banqueta: sombra. Que tu ciudad tenga árboles no es paisajismo — es infraestructura de salud.
Referencias
- Wilson, A. J., Bressler, R. D., Ivanovich, C., Tuholske, C., Raymond, C., Horton, R. M., Sobel, A., Kinney, P., Cavazos, T., & Shrader, J. G. (2024). Heat disproportionately kills young people: Evidence from wet-bulb temperature in Mexico. Science Advances, 10(49), eadq3367.
- Zhao, L., Lee, X., Smith, R. B., & Oleson, K. (2014). Strong contributions of local background climate to urban heat islands. Nature, 511(7508), 216-219.
- Manoli, G., Fatichi, S., Schläpfer, M., Yu, K., Crowther, T. W., Meili, N., Burlando, P., Katul, G. G., & Bou-Zeid, E. (2019). Magnitude of urban heat islands largely explained by climate and population. Nature, 573(7772), 55-60.
- López González, F. M., Navarro Navarro, L. A., Díaz Caravantes, R. E., & Navarro Estupiñán, J. (2021). Cobertura vegetal y la distribución de islas de calor/oasis urbanos en Hermosillo, Sonora. Frontera Norte, 33, art. 6.
- Iungman, T., Cirach, M., Marando, F., Pereira Barboza, E., Khomenko, S., Masselot, P., Quijal-Zamorano, M., Mueller, N., Gasparrini, A., Urquiza, J., Heris, M., Thondoo, M., & Nieuwenhuijsen, M. (2023). Cooling cities through urban green infrastructure: A health impact assessment of European cities. The Lancet, 401(10376), 577-589.
- Liu, J., Varghese, B. M., Hansen, A., Zhang, Y., Driscoll, T., Morgan, G., Dear, K., Gourley, M., Capon, A., & Bi, P. (2022). Heat exposure and cardiovascular health outcomes: A systematic review and meta-analysis. The Lancet Planetary Health, 6(6), e484-e495.
- Minor, K., Bjerre-Nielsen, A., Jónasdóttir, S. S., Lehmann, S., & Obradovich, N. (2022). Rising temperatures erode human sleep globally. One Earth, 5(5), 534-549.
- Hoffman, J. S., Shandas, V., & Pendleton, N. (2020). The effects of historical housing policies on resident exposure to intra-urban heat: A study of 108 US urban areas. Climate, 8(1), 12.
- Hsu, A., Sheriff, G., Chakraborty, T., & Manya, D. (2021). Disproportionate exposure to urban heat island intensity across major US cities. Nature Communications, 12(1), 2721.
- Krayenhoff, E. S., Broadbent, A. M., Zhao, L., Georgescu, M., Middel, A., Voogt, J. A., Martilli, A., Sailor, D. J., & Erell, E. (2021). Cooling hot cities: A systematic and critical review of the numerical modelling literature. Environmental Research Letters, 16(5), 053007.